Eyeculación Conjunta

En lo cortejado y en lo cotejado, a ellas no les solía valer cualquier sitio, ni cualquier casa, ni un cerca o un nos vemos lejos de aquí, por si acaso y pudieran pillarnos.  Un rápidito, pues, era solo saciarle el capricho al conjugante para que no se fuera, o no se buscase a otra, supuesta y momentáneamente.  A ellas, les complacía adentro y afuera, al mismo tiempo, más extendido y entendido, y es que a ellas la eyeculación les resultaba un sueño cumplido cuando ejecutaba la máxima de ser correspondida en deseo, tiempo y fusión de caracteres conjuntos, de unidad espacial. Ahí se eliminaría el quizás y también el probablemente para pasar al orgasmo único aunque se desmembrase en múltiples, y este resultaría satisfactorio para ambos si se ponían de acuerdo en sus momentos, montadas, sentidos, penetradores, y penetrantes en acción, al unísono y no con cincuenta centímetros de por medio.

      Él, ahora, hoy, por primera vez, se permitió sentirla, completamente. Entonces, se percató que ella, también eyeculaba, y que no era sólo un juego individual ni la sombra del sueño de un masturbador, o de un juguetico sexual. Ella se percataría que él estaba feliz, por primera vez, de entender a su mujer tan profundamente, que cómo él, podía eyecular.  Esta sazón  descubierta le permitía entender que no se trataba de controles ni roles que mantener en el juego del sexo,  sino que era y es siempre una experiencia conjunta y viva, mutante.

     No podíamos ni queríamos tener un bagaje suficientemente amplio de lo sentido, de lo sexuado, de lo sexual que nos diera méritos suficientes para que nos llamasen putos de oficio, pues nos era complicado valorar la satisfacción más alta en aquello que era obtenible a partir de la cama; preferíamos pues, ganarnos el puesto de mujeres y hombres admirados, cero putos en nuestras propias camas, y redomadamente prostitutas-os en la cama de los no asiduos.  ¿Tenía sentido este comportamiento?

     Sentir y sexuarse dentro de los márgenes de lo habitable -es decir lo que no se escapa de las manos y empieza a producir pesar, dolor o mugre interior, en vez de completación y plenitud-es la sanidad del corazón valiente y de la mente asimétrica.

     La valoración de aquello de es rozagante y habitable en la cama es la contemplación del arte puro, en sí mismo.